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EL FUTURO DEL FUJIMORISMO

POR: JOSÈ ALEJANDRO GODOY

La derrota de Keiko Fujimori el domingo último abre la puerta a varios posibles escenarios dentro de su agrupación política, afectada luego de haber liderado las encuestas durante un buen tramo de la campaña final.

Sin duda, Fuerza 2011 procurará ubicarse en el campo opositor. Pero Alan García, suelto en plaza, querrá disputarle a la señora Fujimori el título de “líder de la oposición”, con miras a un posible regreso en el 2016, año que desde predios naranjas también quieren ver con buenas opciones.

Al mismo tiempo, siendo la segunda fuerza en el Congreso, tendrá problemas para manejar una bancada casi sin operadores (Rolando Souza, quien cumplía ese rol en este periodo, no postuló a la reelección), con varios invitados y en el que la voz cantante estará en sus figuras históricas.

Queda pendiente, además, la definición final de la situación carcelaria de Alberto Fujimori. Aquí tienen tres opciones: un indulto escandaloso dado por García, un hábeas corpus de los tantos presentados por Nakasaki que le dé alguna luz de esperanza o, como en este periodo, negociar sus votos en el Congreso para mantener los privilegios de la Diroes. Ello puede determinar su conducta a corto plazo.

Pero los retos mayores del fujimorismo se encuentran a mediano plazo. La campaña electoral de la segunda vuelta demostró las limitaciones de basar su crecimiento electoral estrictamente en la figura del ex autócrata.

El recuerdo en sectores medios – más sensibles frente a casos de corrupción y violaciones de derechos humanos – de los crímenes del fujimorismo (lo que se trasladó a redes sociales y a la calle), así como las infelices declaraciones de casi todos los voceros, puso en evidencia que apelar a una figura controvertida no garantiza un triunfo electoral. Menos aún la construcción de algo más que una organización personalista.

Queda claro que el fujimorismo representa a una opción conservadora en el Perú. Aquella que enfatiza en el orden, en la inmovilidad del modelo económico y en el asistencialismo como única forma de integrar a los pobres al país. Pero para perdurar más allá de la desaparición física de su líder, deberán enterrar su recuerdo en vida.

De lo contrario tendrán el mismo destino que predecesores suyos como la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro o la Unión Nacional Odriísta: el paso a una radicalidad conservadora que los deje sin las bases sociales que tuvieron, y luego desaparecer.

(Columna publicada el 09.06.2011 en Diario 16)

(Caricatura de Carlín para La República)

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M. Antonio Agapito Manco

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