SÍMBOLOS: GUILLERMO “TANQUE” LA ROSA Y GERMÁN “COCOLICHE” LEGUÍA SE JUGARON UN CLÁSICO POR LA PAZ

¡Que la violencia no mate al fútbol!

 

Compadre querido. La Rosa y Leguía aceptaron ponerse la camiseta de su rival en un gesto de paz y para que los clásicos vuelvan a ser una fiesta.

Ídolos de Alianza y Universitario aceptaron vestir la camiseta del clásico rival para demostrar que el fútbol es hermandad y fiesta, nunca muerte ni dolor.

Segundo Alcalde.
El encuentro tuvo escenas muy marcadas sobre todo en los rostros de ambos personajes: mientras Germán Leguía se agarraba la cabeza a cada instante cómo preguntándose  ¿por qué los clásicos ya no son los de antes? y lamentando lo sucedido con Walter Oyarce, asesinado a manos de malos barristas de la ‘U’ en el Monumental, Guillermo La Rosa lo escuchaba atentamente, muy serio y  esperando su turno también para opinar sobre este trágico hecho que empañó una jornada de fútbol y fiesta.

La idea de esta reunión era que estas dos leyendas vivas de nuestro balompié, que defendieron las camisetas de los clubes más populares de nuestro país, transmitan que a partir del fútbol podemos tener un país mejor, sin violencia, retomando conciencia y reviviendo valores. En una charla llena de reflexiones, anécdotas y vivencias, ‘Cocliche’ y ‘El Tanque’ se jugaron un clásico muy especial. Un clásico por la Paz, que es el mensaje principal de esta nota.

“ Él ha jugado en Alianza, yo en la ‘U’, éramos rivales en la cancha, pero fuera de ella grandes amigos. Jamás nos hemos peleado, era de caballeros saber perder. Por eso me da bronca lo sucedido con el chico Walter (Oyarce). Me da vergüenza ajena porque los que han cometido este crimen son hinchas de la ‘U’ como yo. Ellos creen que quitando una bandera, la ‘U’ va a ganar tres puntos, o pegándole a alguien te van a dar el título. Simplemente están matando el fútbol”, se le oyó decir a Leguía, aquel talentoso volante que le gustaba jugar con las medias caídas y que tuvo la dicha de representar al Perú en dos Mundiales, Argentina 78 y España 82.

“Bueno, ahora me toca hablar a mí” –arremete La Rosa como en sus buenos tiempos de artillero–. “Lo que dice Germán es cierto.  En la cancha nosotros nos podíamos patear y no reconocernos, pero después de ello cenábamos juntos. Germán es como mi hermano blanco. Además el fútbol es para unir a la gente, es una fiesta para vivirla y disfrutarla. Los jóvenes de hoy han perdido los valores. Ellos tienen que entender que la violencia solo trae más violencia. Con lo sucedido con el chico Walter están provocando que los hinchas se alejen de los estadios. No podemos odiarnos entre peruanos. ¿Acaso porque Germán es de la ‘U’ tengo que pegarle?, ¿o a mi esposa (María Elena) que también es crema le voy a pegar?, no. Hay que estar mal de la cabeza para hacer esas cosas”, sostuvo el ex delantero aliancista, hoy pastor de una iglesia cristiana junto a otra gran leyenda de nuestro balompié, César Cueto.

Crimen Monumental
Germán Leguía se toma un sorbo de gaseosa, pide la palabra y sin pensarlo dos veces exige todo el peso de la ley para los autores de este crimen. “Los chicos que han cometido este acto de vandalismo confundan el hinchaje lanzando botellas o metiendo golpes. En las tribunas hay mucho trago, sobre todo en los palcos. El Monumental es tan grande que entran fácil las botellas de licor. Aquel que  cometa actos de vandalismo tiene que ir a la cárcel. Esta muerte no se puede volver a repetir, no puede quedar impune”.

Guillermo La Rosa interrumpe y hace una evaluación psicológica del comportamiento de los barristas de hoy. “Los jóvenes de ahora necesitan amor, de repente sus padres nunca les dieron cariño y ellos paran resentidos. Desde niños siempre hay que hacerlos sentir importantes, no marginarlos porque después vienen las consecuencias. Esta generación es muy violenta, creen que haciendo desmanes por las calles y en las tribunas son lo máximo. Las autoridades  tienen  que poner mano dura y hacer los correctivos del caso”.

Acto seguido, aceptan felices posar para el lente de nuestro reportero con las camisetas cambiadas: Leguía con la de Alianza, La Rosa con la de la ‘U’.

Ambos calificaron de descabellada la decisión del Gobierno de hacer jugar los partidos sin público en los estadios, pero aplaudieron la idea de jugar un clásico con camisetas intercambiadas “para transmitir un mensaje de amistad y hermandad en el deporte”, dijo Leguía quien advirtió que: “Jugar sin público es peor, porque la gente se engorda de rencor y cuando vuelven al estadio van a desfogar su cólera y de nuevo volveremos a la violencia. Además, ya basta con darle rollo a este tema, informemos también de situaciones positivas”, agregó el ‘Cocoliche’. Que la paz reine en el fútbol”.

Ellos reflejan los años maravillosos de nuestro fútbol
Germán Leguía y Guillermo La Rosa se dieron un tiempo para recordar miles de anécdotas

“Nosotros hemos jugado juntos en Ecuador  y creo que nadie se acuerda. Yo le decía al ‘Tanque’ pásame esto y lo otro. La Rosa me miraba y me decía ‘por si acaso el tiempo de la esclavitud ya terminó”, bromea Leguía.

“Siempre que terminaban los clásicos intercambiábamos camisetas y nos reuníamos para cenar. Germán perdía siempre por eso paraba misio. Pero mi compadre era tremendo jugadorazo. La rompía  y por algo lo llamaron muchas veces a la selección”, recuerda el ‘Tanque’ La Rosa.

“Cuando yo enfrentaba a estos monstruos que tenía Alianza como Cueto, Cubillas, el ‘Cholo’ Sotil, Velásquez no sabía si jugar o pedirles autógrafos. A mi compadre La Rosa no, porque era el que menos la conocía”, vuelve a fastidiar ‘Cocoliche’.

“Germán era un blanco que jugaba como negro. Cuando lo vi por primera vez con sus ojazos verdes me pregunté si era jugador o un actor de cine. Una vez en la gira por los tres continentes que tuvimos con la selección compartimos habitación y una vez le vino un contrato de un club italiano. Mi compadre no sabía leer  y le dije que  firmará nomás. Germán se puso mosca y al final se quedó en el Perú”, afirma ‘Pipo’.

 “Yo con mi camiseta de la ‘U’ caminaba 20 cuadras desde mi casa hasta el Nacional y no me pasaba nada. Ahora no lo hago ni loco porque fácil me paran de cabeza”, lamenta Leguía.
“En mi academia en Puente Piedra lo primero que les inculco a mi pupilos es disciplina y más disciplina. Hay que empezar a creer  que el Perú puede cambiar”, remata La Rosa.

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