LA PROSTITUCIÓN EN LIMA VIRREYNAL

PODER POLÍTICO: Cuando el universo de la intelectualidad sirve de pascana a los eruditos y sabios, aquellas mentes trajinadas y sacrificadas que no piden nada a cambio, es nuestro deber reconocerlos y hacer que el mundo lo conozca, esa magia hacen más grande las obras, las investigaciones, estoy por seguro que han sido muchos dias y noches de desvelos, mi admiración por la brillantés de esta estrella en el firmamento histórico, para no corromper el texto difundo en amplitud con el solicito permiso respectivo de su autor , Richard Chuhue, esta magnifica obra se denomina: “Plebe, prostitución y conducta sexual en el siglo XVIII”. Lo espectacular de su compilación y la fina textura de la pluma lo convierten en una obra que deberían leer todos los peruanos. (Leer otros artículos en www.poderpolitico.info)

Por: Richard Chuhue

Bien, siempre he creído que la información debe ser universal y es en ese sentido que atendiendo a la petición de algunas amistades he decidido compartir el artículo de mi autoría inserto en el libro del Coloquio de Historia de Lima que acaba de ser publicado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El libro esta siendo vendido en el Centro Cultural de la UNMSM a un precio de 30 nuevos soles, asimismo se esta procediendo a distribuir entre las principales bibliotecas de la ciudad para que pueda ser consultado por los interesados.

El tema tratado en esta investigación es algo sobre lo que pocos han hablado, espero que lo expuesto en los párrafos que constituyen el texto contribuya a que más personas se acerquen al estudio de la vida cotidiana en Lima virreynal.

Inserto también un breve video realizado en base a la teatralización de un expediente ubicado en el Archivo General de la Nación y que fue realizado por el equipo del programa “El Perú y sus raíces” (Radio Programas del Perú, domingos 10:30 a 11:30 y 17:00 a 18:00) encabezados por el Dr. Efraín Trelles, con quien sostuviéramos hace un tiempo una amena charla sobre el tema.

Para citar el artículo: Chuhue, Richard. “Plebe, prostitución y conducta sexual en el siglo XVIII. Apuntes sobre la sexualidad en Lima borbónica”. En Historia de Lima. XVII Coloquio de Historia de Lima, 2010. Miguel Maticorena, Carlos del Águila, Richard Chuhue, Antonio Coello (edits). Ediciones del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, Perú, 2011. Pág. 127 -151.

Plebe, prostitución y conductasexual en Lima del Siglo XVIII

Apuntes sobre la sexualidad en Lima borbónica
Richard Chuhue Huamán
IntroduccIón
Desde nuestra infancia se nos ha enseñado a tratar la sexualidad como untema vedado. Hablar del tema hasta el día de hoy sigue siendo un asunto es-pinoso, del cual como integrantes de este sistema social no podemos escapar.En sociedades como la peruana, hondamente patriarcales y altamente do-minadas por una sexualidad retenida, muda e hipócrita (Foucault 1985) esdifícil reunir testimonios que nos acerquen a la historia de manifestacionessociales tales como la prostitución. El ordenamiento que aplicó la moderni-dad se exteriorizó en ese silencio cómplice e hizo que no se hallasen registrosbibliográficos específicos acerca del tema para el caso peruano hasta ya co-menzado el siglo XX (Dávalos y Lisson 1900) Aunque uno de nuestros másrepresentativos historiadores opinó con anterioridad que puede existir untexto perdido sobre esta problemática para la época virreinal, pero escrito enla época republicana (Macera 1977). Sin embargo estos indicios no nos ayu-daban en gran medida a resolver los interrogantes sobre el comercio sexualen la Lima Borbónica. Es decir ¿por qué siendo Lima la capital del imperioespañol de ultramar en América no encontramos datos sobre un fenóme-no que afectó grandemente a otras ciudades del orbe en el mismo espaciotemporal? ¿Por qué los pocos datos conocidos hasta hoy aluden solamente alas clases populares –la plebe– como productora y consumidora de esta pro-blemática? ¿Es que acaso las clases acomodadas de Lima no fueron afectasa este flagelo social? ¿Fueron las meretrices solamente las mulatas empobre-cidas o las negras sensuales que denunciaban las autoridades coloniales? Enlas siguientes páginas intentaremos establecer algunas respuestas acerca deestos ítems.
 
Obviamente este artículo no pretende cubrir todo el espectro dela prostitución colonial en Lima, pues nos vemos limitados por la carenciade fuentes, pero lo que si nos permitimos hacer es dar algunos alcances conrespecto a este fenómeno considerando las particulares circunstancias delhallazgo de algunos documentos que describiremos a continuación. “…Que ves la plaza abundante, de carnes, de vivanderasDe verduras, de primores, y de frutas en todo tiempo…Que ves muchas mulatas, destinadas al comercioLas unas al de la carne, Las otras al de lo mesmo.Que ves indias pescadoras, pescando mucho dineroPues a veces pescan más, que la pesca que trajeron…”
(Esteban Terralla y Landa.
Lima por dentro y por fuera
. 1797)* Historiador por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima-Perú. Agradezco las recomendaciones y apoyo de colegas como Sandro Covarrubias Llerena, Antonio Coello Rodríguez y el Dr. Efraín Trelles Aréstegui con quien sostuviéramos una charla sobre el tema para el programa El Perú y sus raíces que se transmite en Radio Programas del Perú (RPP) nocIones sobre la prostItucIón peruana.
 
Hablar de prostitución en el Perú del siglo XVIII es adentrarnos en las entrañas más sórdidas de la sociedad colonial limeña y específicamente dentro de aquel espectro social que se denominaba “plebe”
Si bien es cierto existe un estudiopionero que nos ayuda a ubicarnos dentro de la misma, este reflejó una visiónparcial e incompleta de la clase baja (Flores Galindo 1984), estableciendo re-laciones tensas y de conflicto permanente entre los sectores negro e indígenade la capital peruana, azuzados por la población hispana para mantenerlos bajocontrol.
Otros trabajos complementarían luego la perspectiva que tenemos sobre nuestros antepasados limenses. Uno de ellos propone la relación usual ycontinua entre afroamericanos y la población aborigen, a través del análisis de los matrimonios en la iglesia de indígenas de Lima: Santa Ana (Cosamalon1996). Sin embargo ninguno de estos dos estudios dedicó un ítem especial a la prostitución, tal vez debido a la ausencia de fuentes. No obstante el hecho de que no existan referencias frecuentes en los documentos no significa que no haya existido el problema, más aun estando probado que era ejercida y regulada desde la Metrópoli. Lo que podemos apreciar, en todo caso, es que hubo una intención, inconciente o directa, de mantener este tema soterrado, sin más manifestaciones que las que los habitantes limeños de esa época podían encontraren un paseo habitual por las calles de la tres veces coronada villa. Es conocido por las investigaciones previas de los etnohistoriadores, queen el espacio andino no existió la prostitución en su concepto actual (Juan José Vega 1993); no obstante, se sabe acerca de ciertas mujeres a disposiciónde los oficiales del Estado inca (denominadas pampayrunas), aunque recalcamos, estas no configuraban la idea de prostitución moderna que tenemos hoy.La prostitución pues, y sus iniciales expresiones en Perú, la apreciamos en las crónicas que describen los primarios encuentros de mujeres indígenas con españoles, quienes las raptaron, violaron y en muchas oportunidades abusaron de ellas y las convirtieron en esclavas sexuales.
 
Así por ejemplo, cronistas como Fray Bartolomé de las Casas, Fray Calixto Túpac Inca, Guamán Poma de Ayala, Juan de Betanzos, Cristóbal de Molina y el padre Pablo José de Arriaga describieron algunas escenas acerca de esta realidad (Sara Beatriz Guardia 2004), enla cual los conquistadores hispanos creyeron tener acceso ilimitado a todas las mujeres sin importarles su condición de solteras o casadas, viudas o doncellas y las forzaron a satisfacer sus necesidades sexuales, convirtiéndolas de esta forma en sus barraganas, amantes, sirvientas y prostitutas.
 
Las que se negaban a losavances sexuales no deseados de los hispanos eran torturadas y asesinadas. Enalgunas regiones de América las mujeres fueron vendidas en prostitución ointercambiadas en juegos de cartas, pasando por encima de las leyes que las protegían (Socolow 2000). En ese sentido el drama de la conquista y el choque
 
“Plebe” es un término que se solía usar en la época colonial para referirse a los estratos bajosde la sociedad. Agrupaba tanto a la gente más miserable de la ciudad como a los que traba-jaban en oficios manuales que les ocupaban pocas horas, producto de lo cual tenían mucho tiempo libre dedicado al ocio. En el siglo XVIII no es difícil encontrar manifestaciones con respecto a este grupo social con epítetos descalificadores como “gente vil de la plebe” o “des-carriada plebe”.
cultural que ella significó, adquiriría una dimensión particular y trágica para lasmujeres peruanas. Sin embargo en estos iniciales días también se embarcaron hacia el Nuevo Mundo mujeres españolas, quienes formaron familia con los primeros conquistadores afincados en las recién fundadas ciudades.
 
Pero esto no significó que prostitutas europeas no llegaran a América. A pesar de la facilidad con la que los españoles podían acceder a dar rienda suelta a su sexualidad, estos recurrieron también a los servicios de prostitutas como una forma de compartirmomentos de relax con alguien de su misma cultura y costumbres. Así un autorrefiere cómo en enero de 1575 las autoridades del Perú se habían quejado de la llegada de un número demasiado grande de prostitutas, que hacían peligrar la necesaria armonía conyugal de las familias de la colonia (Baudot 1981) .A su vez, las libertades que adquirían las limeñas a través de su característico traje de la saya y el manto originó que en España fuera prohibida esta vestimenta, pero así como la prostitución fue permitida en América lo mismo habría de suceder con las tapadas.
 
Los virreyes a pesar de haber intentado acabar con ellas y el pernicioso ejemplo del que algunas hacían gala, se vieron imposibilitados de hacerlo por la moda generalizada de esta vestimenta entre la población femenina colonial. Así por ejemplo Juan de Mendoza y Luna, Marques de Montesclaros, decía en su Memoria de Gobierno de 1614, que intentó erradicarlas, mas viendo que dichas mujeres no le hacían caso ni a sus propios esposos era difícil para él poder con tantas. Por la misma razón su antecesor elvirrey don Luis Velasco y Castilla y Mendoza tuvo la intención de “fundar un recogimiento donde las distraídas pudiesen estar detenidas y encerradas” lo cual nose pudo concretar pues el citado virrey dispuso ello casi al final de su gobierno y su sucesor el virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, tuvotan corta vida que no pudo culminar dicha obra. Melchor de Liñán y Cisneros, virrey del Perú entre 1678 y 1681, en su recuento de gobierno entregado a su sucesor el Duque de la Palata, le recomiendaponer mucho empeño en “remediar los escándalos y pecados públicos que suelen ocasionar algunas mujeres de licenciosa y desenvuelta vida, especialmente mulatas deque abunda esta ciudad”.
 
Añade que las soluciones que dieron sus antecesorespara castigar este hecho fueron la cárcel y en ocasiones el destierro, pero que fue contraproducente pues al parecer dichas mujeres no moderaron su conducta en prisión, donde solían compartir los mismos ambientes que los presos varones. Para ello precisa que su idea fue construir un espacio especial en elsegundo piso de la Cárcel de Corte donde se les pusiera a trabajar “distribuyéndoles costura y otras tareas para el servicio de los hospitales”, pues pensaba que de esta forma se podía mantenerlas alejadas de su oficio y
“por lo menos todo aquel tiempo de la prisión se evitarían muchos pecados que ejecutaron sueltas”
 
Memoria de los Virreyes que han gobernado el Perú durante el tiempo del coloniaje español.TomoPrimero, Felipe Bailly (Editor) Lima, 1859: p. 36.3Ídem: 294-295 Coloquio
de lima130. Sin embargo, unos años antes ya se había hecho un esfuerzo por contener aciertas “mujeres públicas”. Fue el sacerdote jesuita Francisco del Castillo, quien en1668, movido por sentimientos propios de su catolicismo, propuso al virrey Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, un proyecto para la fundación de una casa de recogidas, lo que consideraba un esfuerzo que, debía hacerse para lograr la salvación de las almas de aquellas mujeres que arrastradas por la pobreza, se prostituían.
 
Cabe agregar que el padre Castillo solía predicar en El Baratillo, área ubicada en lazona de “Abajo el Puente”, lugar habitual de reunión de la plebe limeña, rodeado de chinganas y pulperías, donde se refugiaba gran parte de la población delincuencial de la ciudad. La casa de recogimiento obtuvo la aprobación real en 30 de septiembrede 1670 y se pasó a llamar Beaterio de las Amparadas de la Purísima Concepción.
En 1690 el virrey Don Melchor Portocarrero, Conde de la Monclova, ordenó que elbeaterio incorpore la recolección forzosa de “mujeres escandalosas”, las mismas que fueron depositadas en una cárcel dentro de dicha institución (Martín 1983). Años más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XVIII, un sacerdote de la orden mercedaria y que coincidentemente llevaba el mismo nombre del fundador del Beaterio de las Amparadas, nos dejó en sus escritos un variopinto cuadro acerca de la prostitución colonial. Fray Francisco del Castillo Andraca y Tamayo, conocido también como “El ciego de la Merced”, fue un mordaz crítico de la sociedad colonial y un ácido fustigador del meretricio, cuestión que está muy presente en su poesía satírica; así, en el romance “Conversación de unas negras en las calles de los borricos”, nos refiere la presencia de las prostitutas en los mismosportales de la Plaza Mayor de Lima: “Allí es donde a todas horas / a Venus se sacrifica/ por medio de sus infames / inmundas sacerdotisas. / Estas son aquellas furias / másque las parcas malditas, / portaleras, que por tales / de todos son conocidas.”(VargasUgarte 1948). A su vez, corroborando lo expuesto por el viajero Jorge Juan unosaños antes acerca de las enfermedades venéreas que solía padecer la población limeña, en especial las mujeres, sin distinción de clase social, el Ciego de la Mer-ced dice:
“Las idólatras de Venus, / por quien están en la extrema / muchos males padeciendo, / las fieles adoradoras / de aquel Dios de los Mineros / que para bubas ycancros / Mercurio es dulce remedio.”
 
Sobre el mismo tema también hizo referenciael sacerdote jesuita alemán Wolfang Bayer, quien estuviera en el Perú entre 1752 y 1766, quien no duda en comparar a Lima y las aldeas que la circundan conSodoma y Gomorra, pues a su ver “
No hay ningún genero de pecado contra el sexto mandamiento, al que no se haya entregado este pueblo malo y desvergonzado, razón porla que domina en todos los lugares de este país el repugnante mal gálico. 
 
Agrega queen el Virreinato peruano no se castigaban convenientemente, ni por las autoridades civiles ni por las religiosas, los grandes y constantes escándalos, pues másveían en ellos una debilidad de la naturaleza humana.Memorias del Virrey del Perú Marques de Avilés.
Publicado por Carlos A. Romero. Imprenta delEstado. Lima, 1901: p. 14.5 Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa.
 
Relación histórica del viaje a la América meridional.
 Segunda parte. Impreso en Madrid por Antonio Marín, Año de 1748: p. 119.6 Wolfang Bayern. “Viaje por el Perú de 1751”. En
Cronistas Alemanes en el Perú.
Estuardo Núñez (Compilador). UNMSM. Lima, 1971: p. 31.
 
En la última década del siglo XVIII, Tadeo Haenke, un viajero alemán, adscrito a la expedición científica española de Alejandro Malaspina manifestórefiriéndose a las costumbres de los limeños: “

Son dados a los placeres, el juego y a una vida regalada y ociosa. Idólatras de las mujeres, casi siempre estiman poco la suya propia. Se ven sujetos de carácter y personas cuyo estado los aparta de ciertas concu-rrencias, asistir a ellas con el disimulo y empacho que en otras partes. Se ve hombres entregados al juego y otras disoluciones. La juventud se corrompe fácilmente, y en Lima es crecido el número de mujeres prostitutas, cuyo lujo y riqueza prueban los muchos hombres acomodados que con ellas viven y las mantienen, hasta que se arruinan y sa-crifican sus caudales
 
El mismo virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos advertía que ante la falta de industrias y fábricas con las cuales las mujeres españolas de baja condición, que no fueran casadas o que no tuvieran bienes heredados porsus padres, pudieran emplearse, estas se veían en“inminente riesgo de sacrificarse aldesorden que se nota siempre con dolor en bastante número”
 
Vemos a través de todas estas señales que la prostitución era conocida y no era un problema del que las autoridades coloniales estuvieran desatentas. Pasemos entonces, luego de esta primera vista a ese submundo, a ver el análisis de casos.
ProstItucIón, espacIos públIcos y vIolencIa físIca
El primer caso que presentamos nos ayudará a conocer cómo era la situación de las mujeres que sin ser pobres se relacionaron con la plebe, pues la ciudad limeña tenía esas características de heterogeneidad social intraurbana (Panfi-chi 1995), en sus calles se mezclaban tanto gente con mucho dinero y poder como artesanos, jornaleros, esclavos o españoles venidos a menos; callejones y mansiones estaban juntos.
 
En 1774, María del Carmen de la Torre contaba con tan solo 14 años de edad. Su juventud, sin embargo, no había sido obstáculo para que un individuo nombrado Juan Ignacio de Saavedra y Delgado la tomara por esposa, un año antes. Ella lo describió en el auto de divorcio que le había interpuesto como “de naturaleza yndica (o sea india) y de edad avanzada”.A través del documento sabemos que Maria del Carmen fue obligada acasarse por su madrina doña Ángela de la Torre, esposa de don Francisco Ortizde Foronda.
 
Los motivos indican que fue por asegurarle un matrimonio convenido al lado de una persona cuya solvencia económica quedo demostrada a lo largo de todo el proceso que detallamos. Tadeo Haenke. Descripción del Perú. Editorial El Ateneo, Lima, 1901: p. 27.8 Memoria de los Virreyes que han gobernado el Perú durante el tiempo del coloniaje español.  Tomo Sexto. Felipe Bailly (Editor) Lima, 1859: p. 80.9 Archivo General de la Nación (en adelante AGN) Superior Gobierno – Gobierno – Conten-cioso (GO BI 5) Caja 150, Documento 304. 1774, Lima, fojas 24. Juan Ignacio de Saavedra y Delgado contra su esposa María del Carmen de la Torre sobre su reclusión en el Beaterio de Amparadas de Lima por observar una conducta licenciosa. Ante Manuel de Amat y Junient,virrey del Perú.
El origen de María es incierto, el documento no nos muestra mayores de-talles a este respecto. Solo nos dice que ella se crió en la casa de Francisco Ortizde Foronda desde muy temprana edad.
La familia Ortiz de Foronda era una de las más respetadas dentro de la sociedad limeña del siglo XVIII. Descendíande una rama nobiliaria venida de Extremadura (Barredo de Valenzuela, 2000). Juan Ortiz de Foronda y Aguilar, su abuelo, y Francisco Ortiz de Foronda y Marcellano, su padre, habian sido Caballeros de Santiago, a la vez que ocupa-ron diversos cargos en la administración colonial. Asimismo un tío suyo, Pedro Ortiz de Foronda, Conde de Valle hermoso, había sido alcalde de la ciudad en1747 (Lohmann Villena, 1993).
 
De la misma familia fue Vicente Ortiz de Foronda, canónigo de Lima y rector de la Universidad de San Marcos en 1726 y1729. Poseían además en Lima, las haciendas de Chillón y Márquez, así como también Pando, Quevedo y Maranga (Vegas de Cáceres, 1996). Juan Ortiz de Foronda –hermano del citado Francisco– era alcalde de la ciudad en 1774, añoen que ocurrieron los hechos que puntualizamos. Este mismo cargo también lo ocuparía el propio Francisco años después, en 1780.El hecho de que María llevara el mismo apellido que su madrina Ángela dela Torre, a pesar de no tener una relación de parentesco más cercana y tambiénla circunstancia de haberse criado en su casa, nos lleva a pensar que tal vez pudo tratarse de una niña abandonada, una niña ilegítima dejada en el hogar de unafamilia pudiente.
 
Esta era una práctica usual entre los sectores dominantes de lasociedad colonial urbana (Manarelli, 1994). Si bien es cierto existía un hospiciopara niños huérfanos, abandonarlos ahí les significaba a los niños “expuestos”una vida de penurias, pues la situación de la Casa de Huérfanos no era buena(Chuhue, 2009), cosa que se evitaba dejándolos en casas de familias adineradas.Al ser aceptados dentro de esas viviendas los niños podían acceder no a todos los privilegios de un hijo legítimo pero si al menos podían ostentar comodidadeso una vida diferente a la de los expósitos tradicionales. Al ser admitidos tambiénse reconocía implícitamente la responsabilidad sobre el infante, es decir, se sospechaba de que si un niño blanco era abandonado en casa de una familia rica era porque quizás era producto de relacion es ocultas del jefe de hogar con unaamante. Ese tal vez fue el origen de la historia de María de la Torre. Sin embargo, para María la vida en casa de la familia Ortiz de Forondano fue nada fácil. Ella relata que su madrina la obligó, en base a amenazas y con mucha violencia, a aceptar la proposición matrimonial a pesar de sus escasos 13 años y que todo esto lo hacía con el fin de expelerla de su casa pues sospechaba que su esposo, don Francisco, tenía también otras intenciones hacia ella, razón por lo cual la llenaba constantemente de improperios. No obstante los malos tratos que ella detalla, también refiere que al momentode casarse se le entregó algunos bienes como abundante ropa, aunque no especifica si se le otorgó alguna dote, como correspondía a las costumbres de la época. La dote en realidad era un adelanto de herencia para prevenir una posible viudez. En los sectores populares, salvo casos excepcionales, losmatrimonios no incluían dote. Aunque la mujer podía llevar un baúl de ropa. En el caso de María era lo que correspondía por haber sido criada en casa de una familia pu-diente como lo era la familia Ortiz de Foronda.
 
Las familias pobres y las mujeres viudas podían solicitar esta ayuda para sus hijas a las distintas obras pías existentes en la ciudad, bien paraprofesar su vocación religiosa, para su manutención o para un anhelado matrimonio. cubiertos, cama y a lo mejor una mesa, todo lo cual significaba que la mujerhabía sido entregada por el padre “completamente equipada”.Una vez casada, prosigue María, los problemas continuaron, pues la vio-lencia y los malos tratos eran propinados ahora por su esposo. De esta formadescribe cómo, a pocos días de ese involuntario matrimonio, experimentó losmás rigorosos tratamientos: “Trate de evitar sus violencias las que con todo no era bastante, antes si conestas mi sumisión mas enardecía su depravado genio hasta obligarme a res-ponderle y suplicarle se sosegase y en lugar de moderarse mas se exasperaba y violentaba sin que yo encontrase medio alguno a reprimir su orgullo y violencia de manos con que me castigaba con golpes y empujones sacándome sangre dela boca y narices de suerte que la vida que he pasado y me ha dado el dicho mi marido ha sido no como el de una esclava con su amo mas cruel y sin temor deDios sino como el mas impío tirano sin fe.”
 
Agrega que “toleró todo esto con la esperanza de que su prudencia le sirvierede freno a sus excesos”. No fue este el caso y advirtiendo María que su vidaestaba en peligro al lado de un hombre “imprudente, temerario y tan desaforadoque a cada paso le infería crueles golpes y le amenazaba con la muerte que pensabadarle” acudió al remedio que en semejantes circunstancias le era permitido porel derecho colonial: entabló una demanda de divorcio ante el Tribunal Eclesiástico.Pero Juan Ignacio de Saavedra no era un hombre de escasos recursos y de pocas conexiones. Valiéndose de la cercanía de las personas que criaron a María,busco encerrarla. A este efecto consiguió que el alcalde Juan Ortiz de Foronda,hermano de su padrino de matrimonio, ordenara que se la pusiera depositada enel Real Beaterio de las Amparadas. Esta institución, que como ya detallamos fuecreada en 1668 a instancias del padre Francisco del Castillo, recibía mujeres que habían sido puestas bajo su custodia por maridos que se iban de viaje, o por es-tar en proceso de divorcio.
 
También albergaba mujeres de conducta licenciosa o“arrepentidas” (Van Deusen 2007). Su local tuvo muchas ubicaciones, para 1774 se ubicaba en el primitivo local de la Congregación del Oratorio de San FelipeNeri, antes sede del Hospital de San Pedro, de clérigos. Una parte del mismo se usó luego como hospital de mujeres y cárcel para el recogimiento de “mujeres escandalosas”. Por su lado, los padres que la habitaban antes habían pasado atomar posesión de la principal iglesia de la orden jesuita recién expulsada: SanPablo, conocida hoy como San Pedro (Bromley 1945). Juan Ignacio también nos dio su punto de vista acerca de la reclusión de su púber esposa. Cuenta que ella empezó a ausentarse de su domicilio conyugal a lospocos días de casados, sin más fundamento que “el deseo de tener una amplia liber-tad para seguir un desenfrenado modo de vida”.Ante sus repetidas fugas no bastaronlos consejos dados por personas piadosas para que modere su conducta y por ello. Archivo Arzobispal de Lima (en adelante AAL), Divorcios, Legajo 87, 1819. Citado por Cosamalón (1999 b).12 Actual jirón Ayacucho, cuadra dos, Cercado de Lima.
Así como la mayor parte de la población delincuencial de Lima. Dentro de sucontorno se ubicaba el mercado del “Baratillo”, conocido por la venta de especies robadas a precios más bajos que del común, así como los temidos callejonesde Malambo (hoy avenida Francisco Pizarro, residencia acostumbrada de granporcentaje de la población negra de la capital). También el famoso “Tajamar”del río Rímac, singular espacio destinado usualmente a ser refugio de vagos,ebrios y prostitutas así como escenario de rencillas y disputas callejeras (Chu-hue, 2004). La idea de los gobernantes era contrarrestar estas costumbres con los conceptos de decencia y urbanidad que propiciaban estas edificaciones, mása tono con el gusto de las clases acomodadas europeas.Es de esta forma como en los citados paseos y alamedas la presencia de latapada fue habitual también. No era raro encontrarlas conversando, forman-do un verdadero ejercito de féminas a la espera de algún galante caballero quepudiera satisfacer sus caprichos. El viajero Gabriel Lafond narra como en 1822vio e invitó a cenar a un par de estas mujeres luego de abordarlas en la alamedade Acho, lo cual no significaba de ninguna manera aceptación de requerimien-tos sexuales. Cuenta también como en otra ocasión tuvo que escapar huyendopor los techos de las casas contiguas a la de una de sus “amigas” limeñas anteel inesperado regreso del marido de esta. Parece ser que este tipo de actitudeslleva a confundirse a Terralla cuando las califica como “mujeres públicas” o “chu-chumecas”, tachándolas de prostitutas cuando en realidad estas mujeres teníanun concepto diferente de la sexualidad, tal vez por su origen proveniente de los niveles más deprimidos de la urbe capitalina, pero no se acostaban por dinero. No obstante lo cual poseían actitudes que escandalizaban a cierta porción de la sociedad limeña. Su extinción, 40 años después, ya instaurada la República, casien la misma etapa del derribamiento de las murallas que circundaban la ciudad,esta definida también por acusaciones de inmoralidad.
 
Así en El Comercio hacia1866 los periodistas llamaban la atención a la policía para que se detuviera a lasque usaban esta vestimenta pues bajo ella se escondían mujeres de dudosa reputación que caminaban en la noche por la calle Plateros.Pero, si bien es cierto las tapadas escandalizaron la ciudad y promovieronlegislación en su contra que buscó preservar las buenas costumbres, eso fue solouna parte de la realidad sexual del siglo XVIII. Hacia 1783 era alcalde de Lima Joaquín de Abarca, quien pertenecía a una de las más encumbradas familias de la época. Don Joaquín era una persona muy celosa de su cargo y no tenía reparosen castigar severamente a quien desobedeciera los postulados de la ley y la moral.Sin embargo, una de estas acciones le valió que la Real Sala del Crimen le formu-lara cargos por “excesos en el ejercicio de su empleo” por haber ordenado azotar enel interior de la cárcel a tres prostitutas a las que previamente se había arrestado. Gabriel Lafond.Voyages autour du monde et naufrages célebres. París, Imp. Dóndrey-Dupre,1843. Vol II, 1843: 133-144, 275-298.31 “Tapadas”. en El Comercio. Lima, 21 de agosto 21 de 1866, p. 3.32
 
Su hermano fue otro famoso personaje: Isidro de Abarca, el IV Conde de San Isidro, quien fueraalcalde de la ciudad en 1779 y cuyo hijo Isidro Cortazar de Abarca, lo fuera también en 1817,1818 y 1821, cuando se proclamara la independencia del Perú. El primer Conde de San Isidrofue Isidro Gutiérrez Cossio y fue declarado así por Felipe II en 1744 (Rizo Patrón, 2002).
 
Ante esa realidad, que el consideraba afrentosa, presentó su renuncia al cargo, lamisma que no fue aceptada.El expediente es rico en información acerca de las costumbres sexua-les de algunos sectores de la sociedad colonial. En sus descargos, Joaquín deAbarca no descubre otro motivo para la apertura de esta acusación más que “el ultraje de mi persona y empleo”, y en razón a ello expone los hechos que a suentender justificaron su conducta.En primer lugar señala que ni bien fue elegido alcalde ordinario de Limase propuso desempeñar el cargo“con todo el celo, vigilancia y exactitud a quealcanzaron mis fuerzas”, poniendo especial énfasis y esmero en rondar las callesa todas horas de la noche, por las “fundadas noticias que tenia así del desordenal que acostumbraban entregarse las gentes de la baja esfera”. De la misma forma,remarca que así lo hizo pues esto era deber de “los alcaldes ordinarios que se ha-llaban con salud competente para hacerlas”,así como también el hecho de que no existían otras rondas en la ciudad más que las deun piquete de la Guardia deInfantería dirigidas por el capitán don Valerio Gasols. El citado capitán cobrabapor dicha labor 500 pesos anuales; el Juzgado de Policía se establecería reciénen 1786 bajo el mando de José Maria Egaña.
 
Agrega Abarca que desempeñoese trabajo nocturno sin faltar nunca al despacho diario de sus obligacionescomo alcalde y que esto le había valido el reconocimiento explícito del virrey yde los pobladores que “me estimulaban a continuar en el más exacto cumplimientode mi obligación.” Es de esta forma que logro enterarse de una práctica habitual y frecuentede prostitución limeña conocida con el apelativo de “Chingote”.
 
En sus propiaspalabras era “una congregación de hombres y mujeres en que indistintamente seentrelazan en trato torpe los unos y los otros, viéndose mutuamente y mezclando enestos actos todas las obscenidades que son propias de unas gentes de las mas aban-donadas” .Notificado de estos eventos y enterado también de que unas mujeres lla-madas Cayetana Martínez, Francisca Salazar y Bartola Gasitua lo practicabancon mucha repetición, las sorprendió en pleno intercambio sexual hasta en dos ocasiones, las llevó a cárcel por dicho delito, dándoseles severos apercibimientospara que modifiquen su conducta, antes de ordenar su liberación.Prosigue su relato diciendo: “No basto esto para que enmendasen su vida yhabiéndoseme denunciado que continuaban en el mismo desorden las ronde en alta AGN, Superior Gobierno – Gobierno – Político Administrativo (GO BI 1). Caja 37, Docu-mento 360. Lima, 1783.
 
Joaquín Abarca, alcalde ordinario de Lima, informa sobre su renuncia a ese cargo en salvaguarda de su honor al habérsele enjuiciado por los azotes que mandó dar a unas mujeres dedicadas a la prostitución. Ante Agustín de Jáuregui y Aldecoa, virrey del Perú. AGN, Cabildo – Gobierno de la ciudad – Propios y rentas (CA GC 1). Caja 17, Documento77. Lima, 1782.
Juan Canel, mayordomo de los propios y rentas de Lima sobre cantidad de pesos que anualmente entrega a Valerio Gasol, capitán de la guardia del virrey por su trabajo de vigilar laciudad. Hipólito Unanue. Guía Política, Eclesiástica y Militar del Virreynato del Perú para el año de 1793. Publicada por la Sociedad Amantes del País en la Imprenta Real de los Huérfanos.
“noche y logre aprender a las tres en el Chingote con dos hombres”. Puestas nuevamente en prisión, y en vista de “los particulares encargos que sobre este punto me había hecho el Excelentísimo Sr. Virrey Jáuregui como a que era materia de buen gobierno el castigo y extirpación de este gran desorden”se procedió a darle cuenta al gobernante, y a decir de Joaquín de Abarca, este vio con buenos ojos lapropuesta de castigo pensada para las prostitutas por su reiterada falta. Así nosmanifiesta que “su excelencia aprobó mis modos de pensar y me ordeno que proce-diese a castigar con azotes en el interior de la Cárcel a las tres mujeres y destinarlasdespués a servir a los Hospitales y Beaterios encargándome la pronta ejecución parasu justo escarmiento”.

 
El argumento que trataba de esgrimir el alcalde Abarca era no haber ac-tuado de propia voluntad o por capricho sino contando con la aprobación superior del Virrey. Agrega que tampoco actuó con ligereza sino usando todos losmedios que la prudencia y la equidad recomendaban, es por ello que esperó la reincidencia de dichas mujeres para azotarlas. Dicha reincidencia además podía ser constatada en los apuntes de su libro de rondas. Aseveró también, que “hice lo mismo y sin duda mucho menos de lo que a ciencia y paciencia de Vuestra Excelencia han hecho mis antecesores”. Cuenta, por ejemplo, como su hermano, el Conde de San Isidro, rondó incesantemente, castigó con azotes en el interior de la cárcel, penó con prisión y carcelaje a proporción de los delitos y en virtud a dicho proceder se hizo acreedor no solo de la superior aprobación, sino demucho elogio, y esto era de amplio conocimiento público. Lo cierto es que, al parecer, el alcalde – aunque él trató de ocultarlo– no solo las había azotado sino que las había paseado en “vergüenza pública”, desnudas dentro de la cárcel y esto fue lo que desencadenó el repudio general en la población, que rechazó esta decisión. El alcalde jamás pensó que por estas acciones en contra de aquellas mujeres, que él consideraba “indignas y viles, tanto por su extracción como por su prostitución y abandono”, se le formara un proceso; más aun considerando que el castigo de carcelería según el derecho de la épocaera mucho menor que lo que la ley Real de Castilla imponía a las amancebadas: “la pena del marco” .También dijo el alcalde Abarca que era falso que al momento de azotarlasse las hubiera dejado desnudas pues“siempre se les ha dejado con aquel ropajeinterior llamado fustán”. Asimismo, detalló que en la vestimenta de cierto sectorde las mujeres limeñas existía el uso de un armazón conocido por el apelativode “ postizo o suplemento ”. Las mujeres usaban dicho aditamento “con el cualabultando el anca y aliuecando la falda levantan el faldellín a tanta altura que se lesven las piernas y los muslos, lo cual entre la gente vil sube a más alto punto, porquees menor la vergüenza y mayor la disolución”
 
Abarca aseguró que las mujeres delos chingotes y otras prostitutas que llego a aprehender en sus rondas, siempreusaban de este modo de vestir y por lo tanto, para evitar el mal ejemplo e infun-dirles “algo de vergüenza”, ordenó que al momento de ejecutarse los azotes. La pena del marco alude a un castigo pecuniario, una multa. En España en 1448 en la regiónde Zaragoza a las mujeres casadas “que viven con sus amigos” se les pide que dejen esa vida y retornen con sus esposos so pena de multa de 500 sueldos jaqueses o 500 azotes (García He-rrero 1989) retiraran dichos “postizos”. Agrega que “ si en alguna ocasión que no me acuerdohe hecho andar dentro de la cárcel a alguna de esas mujeres a presencia de los concu-rrentes había sido para que mas avergonzadas se logre en ellas mayor escarmiento”. Tomando en cuenta todo lo expuesto se decidió que el alcalde se habíacomportado en forma abusiva en sus acciones, si bien es cierto a las presas se les consideró el delito flagrante y se les apercibió nuevamente para que no vuelvana incurrir en su escandalosa vida, dejándolas en libertad.
 
El alcalde fue multado con 300 pesos y le ordenaron que antes de ejecutar cualquier castigo físico se leconsultara primero a la Real Sala del Crimen. Sobre los azotes, como ya se comentó en líneas anteriores, al parecer fueuna práctica habitual para corregir a mujeres que habían tenido algún tipo de inconducta sexual, aunque para el caso peruano no estuvo regulado por algún tipo de legislación que lo respalde, todo lo contrario el caso de Abarca al pa-recer sentó jurisprudencia en el sentido de que los alcaldes no debían azotar a nadie sin antes informar de ello. En 1789 una mujer indígena del pueblo de Surco nombrada Rosa Zavala entabló una denuncia contra José Toribio de Jesús, alcalde ordinario del primer voto de dicha jurisdicción por los azotes que este le había propinado en la chichería y picantería que regentaba en su casa,al encontrarla encerrada de noche con 2 hombres y una mujer que respondían a los nombres de Melchora Celis, José Lumbreras y Apolinario Vixoran. El la comenta cómo los integrantes de dicha ronda procedieron “excediéndose en el acto a tenderme en mi mismo rancho y descubriéndome la mayor honestidad de mi cuerpo me castigaron cruelmente con azotes. El delito no puede ser más atroz ya que considere la violencia con que lo ejecutaron y al modo como lo perpetraron ya a mi inocencia y principalmente a la contravención del auto acordado y proveído por esta Real Sala para que en ninguna persona se ejecute pena corporal o aflictiva sin que se le de parte y se le consulte”.En su declaración, el alcalde cita que efectivamente solía rondar el pobla-do de Surco por las noches y “ que es cierto que la noche del día seis del corriente mes de mayo cumpliendo con los deberes de mi obligación a cosa de las diez, auxi-liado del ministro salí a rondar el pueblo a fin de ahuyentar y aprehender a tantos malhechores y del mismo modo evitar las ofensas a Dios”.
 
Asimismo agrega queintroduciéndose al interior de dicha vivienda, halló primero a la“india viuda Melchora Celis que estaba durmiendo emparejada con su amacio Apolinario Vixoran, que asegurados estos mando dirigirse a la cama de la citada Rosa que estaba enotro cuarto accesorio a la que encontró levantada con tan solo su faldellín puesto, y registrando su cama con una luz debajo de ella se saco al indio José Lumbreras suamacio. Que habiendo hecho vestir a todos cuatro cómplices para llevarlos a la cárcel entro en acuerdo de dejar en su misma habitación a la sobredicha Rosa Zavala recelando no se divulgase su honor, dándole por pena 4 o 5 latigazos que mando dar con elregidor Manuel Luyon, sobre la ropa”. Rosa argumenta que en realidad fueron 12
 
La versión teatralizada de este expediente fue difundida el sábado 20 de Setiembre del 2009,vía RPP. <http://www.youtube.com/watch?v=ILYxGFIu-mw>.38 AGN, Real Audiencia, Causas Criminales. Legajo 65, Cuaderno 761. Lima, 1789. Causa seguida por Rosa Zavala contra el alcalde y regidores del Pueblo de Surco por los azotes que le propinaron latigazos los que se le aplicaron, presentando por testigos a otros dos indígenas vecinos suyos y a un cirujano que constató las cicatrices de las heridas, perosu caso se agravó al saberse de que ella estaba casada con Pablo Ruiz, a quienhabía abandonado para tener “ escandaloso concubinato” con Lumbreras, y queambos ya habían sido reconvenidos frecuentemente por los anteriores alcaldes del pueblo sin lograr su separación. Por los tanto a Lumbreras se le castigó con ocho meses de trabajo a favor de la administración virreinal en el Lanchóndel Callao, destino que no corrió la otra pareja, pues optaron por casarse en eltranscurso del juicio, con lo cual remediaban en cierto modo su falta.
 
Los azotes cuando eran aplicados a las esclavas eran tomados por sevicia, y aunque estas presentaran sus reclamos para su libertad inmediata como lo dictaba la ley, por lo general sólo lograban el cambio de amo (Arrelucea 2007). Lamisma autora cita el caso de Juana Gorochátegui, una mulata de 16 años, quiendenunció a su amo José Antonio Pando, por haberla flagelado y también porque“el castigó no solo fue de azotes sino también en tenerla con las faldas levantadas porespacio de dos horas sin reparar siquiera en su estado virginal
Es importante resaltarel hecho de que la esclava agrega a los conceptos de vergüenza pública el énfasisque puso en la denuncia sobre la exposición de sus zonas íntimas pues esto ponía en entredicho su honor sexual. Similar caso era el de las hechiceras amancebadas, las que en el siglo XVII recibían azotes o ramalazos por sus actos (Sánchez, 1991). Así tomamosconocimiento de la hechicera María Inés del corregimiento de Chancay, quienjuzgada en 1662 por “facilitar hierbas para que los hombres y las mujeres se comu- niquen ilícitamente” fue primeramente castigada exponiéndola públicamente yaplicándole 4 varazos y luego enviada a servir por espacio de dos años a serviral hospital de indígenas de Lima: el hospital de Santa Ana. Sobre el mismocaso también encontramos referencias explicitas en un recuento de los autosde la Santa Inquisición de Lima
 
Así por ejemplo en 1742, María Teresa deMalavia, esclava mulata de 28 años, fue azotada por ser encontrada culpable de “hechicera y mal entretenida”, desterrada posteriormente a Arequipa.
En la misma ocasión una mulata limeña llamada Antonia Osorio y que era conocida por el apelativo de “La Manchada” fue acusada de llevar ilícita vida y de regentar una casa de prostitución en el Callao. Fue condenada a ser paseada en las calles sobre una bestia, con el torso desnudo y sufrir 200 azotes previos a su destierro a Guayaquil. Esta pena también fue habitual contra la población homosexual, los “maricones” a los que se refería el Mercurio Peruano y sobre los cuales el testimoniodel alcalde Abarca también nos dejó algo. Refiriéndose a la gestión anterior desu hermano el Conde de San Isidro en el mismo cargo, señala: “Siempre se hantenido por castigos ligeros y proporcionados a las facultades de un alcalde ordinariolos azotes en el interior de la cárcel y con tan buen suceso que por medio de ello logró AGN, Real Audiencia, Causas Civiles. Legajo 235, Cuaderno 2020. Lima, 1783. Autos segui-dos por Juana Gorrochategui contra J. A. Pando sobre sevicia.40 Ricardo Palma. Anales de la Inquisición de Lima. Madrid, 1897. Tercera Edición.41 Mercurio Peruano, Tomo III, 17 de Noviembre de 1791, Pág. 230. “Carta sobre los maricones mi hermano extirpar la raza de sodomitas conocidos con el nombre de maricones”
 
Apesar de esta evidencia, lo que contemplaba en estos casos la legislación era el castigo por seis meses en el presidio del Callao, así está citado en un Bando deBuen Gobierno del virrey Pezuela, agravándose la condena por la reinciden-cia y cuando “
constare haber aprovechado este disfraz y los adornos mujeriles para designios torpes porque en este caso deberán las justicias instruirles su causa e imponerles la pena que los corrija y escarmiente de su impureza abominable”. Al respectocabria agregar que existía también prostitución masculina, tal y como se señalaen un periódico de la época; este único prostíbulo era atendido por negroscalificados como sodomitas y estaba ubicado en un territorio adyacente ala muralla, en el borde intramuros, en la calle del Sauce, en el extremomeridional limeño, una de las zonas más pobres de la ciudad.
 
Aunque enrealidad no debe creerse que la homosexualidad fuera un problema solamente adscrito a las clases bajas, en realidad estas manifestaciones teníanmucho arraigo en distintos sectores sociales de la sociedad colonial limeña(Tantaleán 2003).“abusar de la poca experIencIa de jóvenes sin rumbo.
 
El hecho de que la prostitución estuviera bastante difundida en Lima es algo innegable. Esta debió ser también una preocupación para los padres de familia, quienes por razones obvias no querían que sus hijos se vieran atraídos poraquellos placeres mundanos. En 1816 se presenta una queja ante el alcaldelimeño José Antonio de Errea, por parte de doña Rosa Guzmán, viuda dedon Vicente Lafora. Ella se declara vecina del pueblo de Lambayeque, peroresidente en Lima y presenta denuncia contra dos mujeres nombradas ManuelaMontero, natural de Guayaquil, de casta china, y Maria Magdalena Cabello, mestiza, quien es llevadas por un arriero de apellido Arana habían partido hacia Lambayeque en persecución de sus dos hijos Tomas y Josef Lafora, lo cual la perturba en demasía pues “dichas mujeres son de vida prostituida notoriamente yde perversos designios”. Agrega que“el animo de ellas no es otro que el de abusarde la poca experiencia de unos jóvenes sin rumbo, y a la noticia que van a disfrutarde sus legitimas paternas tratan de estafarlos y arruinar mis intereses en aquellosdestinos”. Por lo expuesto, Rosa Guzmán pidió que se librasen las respectivasrequisitorias a la ciudad norteña y de esa forma poder capturar a las mujeres yencarcelarlas en Lima“y en este modo se evite el daño que amenaza y se conservela honra a Dios”. AGN Superior Gobierno – Gobierno – Político Administrativo (GO BI 1). Caja 56, Cuaderno1044. Lima, 1818. Joaquín de la Pezuela y Sánchez de Aragón, virrey del Perú emite un bandosobre el buen gobierno, conteniendo instrucciones y reglamentos de la policía para el mejordesempeño de la administración pública.El Investigado 18. VI. 1814.44 AGN Cabildo – Justicia Ordinaria – Causas Criminales (CA JO 2) Caja 210, Documento497. Lima, 1816.
 
Rosa Guzmán, viuda de Vicente Lafora, vecina de Lambayeque, residenteen Lima, contra Manuela Montero y María Magdalena Cabello, sobre daños y perjuicios que puedan causar a sus hijos, como prostitutas que son. Para sustentar su demanda presenta tres testigos.
 
El primero de ellos JoséMariano Román, de 28 años, dijo que “según ha oído hablar…son de una vida prostituida, según es público y notorio”
El segundo declarante José María Muñoz,de 29 años, dijo que con motivo de ser amigo de los hijos de Rosa Muñoz esque conoció a Manuela Montero y María Magdalena Cabello a quienes visita-ba frecuentemente en compañía de los jóvenes, así es que
“sabe y le consta quelas susodichas son conocidas por publicas rameras en esta ciudad”, agrega que lasvio vender sus pertenencias pues su objetivo era perseguir a dichos jóvenes aLambayeque y que estos se oponían a llevarlas en el viaje.
El último testigo fue Santiago Peláez, de 30 años, quien dijo que era íntimo amigo de los nombrados y que las mujeres eran de “conducta libre e irreligiosa”,en especial Cabello quien“vive desunida de su marido con el mayor escándalo en esta capital” y que viendola determinación de las mujeres de ir siguiendo a los jóvenes en su viaje las reconvino de no hacerlo por ser ellos “hijos de familia” y que a pesar de estasadvertencias ellas partieron.Las autoridades determinaron que de lo manifestado no resultaba justificado el supuesto delito de seducción de las mujeres, a pesar de haber tenido“trato ilícito” con los jóvenes, sin embargo y para tranquilidad de la madrequerellante se pidió a los administradores de justicia en Lambayeque que de verificarse el criminal proceder de las susodichas se les separase inmediatamen-te de su jurisdicción.
 
Este auto nos demuestra cómo solo por sospechas se podía agraviar o per-judicar a las mujeres de dudosa reputación. En todo caso, el qué dirán era unelemento presente en la mentalidad colonial. Así por ejemplo en 1797, se entablauna demanda por parte de Juan Guerrero contra su propia madre Josefa Castillo por oposición a su matrimonio.
 
Como el demandante era menor de edad, no podía casarse a menos de tener autorización de sus padres.Su madre argumentó que ella no podía autorizar dicho enlace pues la novia Gertrudis Vélez era en realidad una mujer de dudosa conducta y que solo buscaba aprovecharse del caudal de la familia de Guerrero. Así define pues aGertrudis como “mujer cuyo carácter y debilidades la constituyen en un estado de menosprecio”.
 
Denuncia que bajo el influjo de esa mujer y de un maestro hojalatero de apellido Gunt, quien los protegía y cobijaba en su casa, ella estaba viviendo amancebada con su hijo, quien había huido del control paterno.Cuenta además que el padre de Juan, don Francisco Guerrero le entregó a su hijo una cuantiosa suma de dinero para que con la misma se pudierahabilitar un negocio con el cual obtener utilidades. Pero su hijo lejos de hacerello “lo disipo en una vida prostituida con juegos y malas compañías”. Y cuando sus malas juntas se dieron cuenta que se había quedado sin dinero y para que no reprobaran su conducta en su hogar, decidieron urdir el proyecto de casarlo. Alfinal las autoridades le dan la razón a la madre pues esto iba en concordanciacon lo que había establecido las leyes. La Pragmática Real sobre matrimonios AGN Cabildo – Justicia Ordinaria – Causas Civiles (CA JO 1) Caja 136, Documento 2439.Lima, 1797.
 
Juan Guerrero, contra Josefa Castillo, su madre natural, sobre oponerse al matrimonio que pretende contraer su hijo con Gertrudis Vélez, a quien no acepta.de 1776, que otorgó derechos a los familiares para exigir que los alcaldes im-pidieran una unión que desluciera su calidad (Rodríguez, 2001); asimismo setenía como objetivo prevenir los matrimonios desiguales, es decir se trató deevitar que contraigan matrimonio dos personas que en opinión de los padres, tutores e incluso autoridades coloniales, manifestaran desigualdad, entendidaprincipalmente bajo términos raciales (Cosamalon 1999), aunque como vemosel aspecto de la reputación sexual también tenía mucho que ver.
 
conclusIones
Por lo expuesto en estas páginas y a la luz de las evidencias y registro documental se puede afirmar que en realidad no existió en Lima un apogeo de la prostitución que pudiera tener un símil al de las grandes ciudades europeas como Madrid, París o Ámsterdam en el siglo XVIII (Fuchs 1996) donde las mancebías con autorización estatal funcionaron de manera regulada (ejemplo que seguiría el Perú ya instaurada la República).
 
En el Perú virreinal existió la prostitución, es un hecho demostrado, pero en niveles e intensidad que estaban por debajo de otro tipo de manifestaciones sociales más visibles como el amancebamiento, el libertinaje y la relajación de costumbres morales, el aprovechamiento sexual de las esclavas y la vieja institución de las “queridas”, por usar un término coloquial.
 
El hecho de que un hombre tuviera una esposa oficial y una o varias amantes no era algo que las leyes o la iglesia aceptaran pero socialmente resultaba un hecho muy recurrente y con el cual el hombre demostraba nosolamente su masculinidad sino su estatus y poder económico.
 
Constantemente se suelen repetir términos que definen como prostitución lo que es en verdad la ligereza, ya sea de carácter sexual o moral, de ciertas féminas para acceder a los deseos varoniles, pero no se especifica que sea unintercambio de dinero por sexo.
 
Así llevar una vida prostituida o licenciosa se podía aplicar también al caso de varones que no se aplicaban al trabajo, que se dedicaban al juego y a la bebida, o de mujeres que querían liberarse del yugo patriarcal o marital, que frecuentaban compañías dudosas o extrema coquetería.
 
Es por ello que surge la idea del encierro y el control sobre estos grupos subalternos. El diccionario de la Real Academia Española no define como prostitutaa la mujer pública sino hasta 1803. Hasta antes de ello se tenía el conceptode prostituir como el acto de “ Exponer públicamente a todo genero de torpeza ysensualidad” y prostituido(a) a: “lo así expuesto al público y entregado a todos.
 
En lo que respecta al papel jugado por la Ilustración, si bien es cierto se trato de reglamentar y corregir las conductas de relajamiento moral y social, como por ejemplo a los grupos de vagos que llenaban la ciudad (Chuhue,2008), fomentando el amor al trabajo como correctivo a este modo de vida, estas no se llegaron a aplicar de manera efectiva, menos aun con las mujeres pobres, que debido a su situación miserable estuvieron más propensas a caer en las garras de la prostitución. Así lo expreso por ejemplo en 1794 Joseph Ignacio Real Academia de la Lengua Española. Año de 1803, p. 692.47 Real Academia de la Lengua Española. Año de 1737, p. 411. de Lequanda cuando señalaba que “cuando las mujeres se hallaban en una situa-ción económica lamentable se empleaban en los oficios mas indecorosos, y hacían enla sociedad el papel más despreciable y criminal”
 
Proponía la instalación de tela-res en donde las mujeres pobres pudieran trabajar y aliviar en algo su miserable situación. Esta también fue la idea de un grupo de vecinos notables limeños queen 1799 solicitaron autorización para fundar una “Sociedad de beneficencia” para darles trabajo a dichas féminas pues la necesidad laboral “es bastante no-toria y se eleva de punto al recordarse que cuando se practicaba de cuenta del rey la fábrica de cigarros ocurrían las mujeres a tropel para ser preferidas en este género delabores.” El Rey no aprobó esta petición y de esta forma en 1804 se da por extinguida dicha Sociedad, con gran pena por parte de la población pues no se daban soluciones a su pobreza, por ello no debe extrañarnos que años después la plebe limeña haya apoyado la causa libertaria al ver que la Monarquía desatendía sus problemas y se hacía de la vista gorda ante problemas como la prostitución, el adulterio o la vagancia.

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