DEFENDAMOS A JUEZ BALTAZAR GARZÓN

POR: AGUSTÍN HAYA DE LA TORRE 

Tribuna Libre:
Juicio a Baltasar Garzón

El juez Baltasar Garzón está siendo juzgado en los tribunales españoles y a punto de ser condenado. Como un zarpazo del pasado, una querella de la Falange Española llevó a que un juez del Supremo lo acuse de prevaricación, por declararse competente para juzgar los crímenes de Francisco Franco. La ultra derecha no le perdona el que se haya erigido en un baluarte de los derechos humanos y que haya llevado a la práctica la universalización de sus principios.

Garzón se ha hecho conocido internacionalmente por casos emblemáticos, como el juicio al dictador Augusto Pinochet y su impecable e implacable arrinconamiento jurídico de ETA, entre otros. Parte del criterio de que todos somos iguales y que los derechos fundamentales se fundan en las personas y son inalienables. El sustento kantiano de su doctrina es evidente, puesto que asume que el Estado existe como una necesidad racional, como el orden objetivo que permite la aplicación del derecho para garantizar la convivencia pacífica entre los seres humanos. Convivencia que es la condición para la realización plena de La Libertad.

Con tan sólidas convicciones, el magistrado asumió que las fronteras territoriales y las diferencias políticas o étnicas, no soslayan o limitan los derechos ciudadanos. Donde estos son violados, un juez cuyo país suscriba la Declaración Universal de los derechos humanos, puede actuar frente a delitos de lesa humanidad, sea cual fuere el lugar del planeta donde se cometan.

Planteamiento audaz cuyas raíces nacen en el famoso juicio de Núremberg, cuando un tribunal internacional juzgó por crímenes contra la humanidad a los jerarcas nazis. Probablemente estos no saldrían de su asombro al comprobar que por encima de su ideología racista y nacionalista, en nombre de la cual asesinaron a millones, existía la igualdad de derechos.

Algo parecido debe haber sentido Pinochet cuando disfrutaba de una cómoda estadía inglesa, al verse alcanzado por el dictamen de un juez español, que lo demandaba por el asesinato de sus connacionales. O la propia banda terrorista, convencida de que su identidad étnica le daba atribuciones para matar a sus congéneres.

El juez dio un paso más. Decidió revisar la cruenta Guerra Civil y los crímenes del dictador. Colisionó con lo que llaman un fascismo sociológico, un sedimento espeso de rezagos ultra reaccionarios que aún empaña a la sociedad española.

De la memoria contenida aparecieron los deudos de los fusilados y hasta empezaron a descubrirse fosas que se creían sepultadas por el tiempo. Puso el dedo en la llaga y los resortes de la reacción se activaron.

Los poderosos, de Pinochet a Berlusconi, sintieron de pronto que sus delitos nos afectan a todos y que hay quien los pueda juzgar. La batalla de este juez paradigmático se ha convertido en un caso emblemático, para hacer de los derechos humanos la condición del ejercicio pleno de La Libertad.

Otra vez España debe cuidarse de su propia España.

Fuente: La Primera.

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